viernes, 11 de septiembre de 2026
RUTA DE LORCA Y MIGUEL HERNÁNDEZ EN JAÉN / jaenhoy.es 23. 08. 2026
Paz Madrid
Jaén, 23 de agosto 2026
Jaén conserva una estrecha relación con la historia de la literatura española a través de figuras como Miguel Hernández y Federico García Lorca, dos autores fundamentales vinculados a la Generación del 27. Esta ruta literaria recorre los espacios de la provincia relacionados con sus estancias, mostrando los lugares que inspiraron parte de su obra y ayudan a comprender la huella que dejaron en el territorio.
Ruta de Federico García Lorca en Jaén
Federico García Lorca, el poeta granadino que es un símbolo universal de la literatura española, visitó Jaén en varias ocasiones. Una de las más recordadas es su estancia en 1935, cuando acudió para dar una conferencia en el Instituto de Bachillerato de Jaén, hoy conocido como Instituto de Educación Secundaria (IES) ‘Santa Catalina de Alejandría’. Aquí, Lorca deleitó a los jóvenes estudiantes con su conferencia ‘Juego y teoría del duende’, en la que disertó sobre la importancia del duende en el arte andaluz, un concepto que luego influiría en su obra más madura.
Tras su conferencia, Lorca fue invitado a conocer la ciudad. Se sabe que paseó por las calles del centro histórico, visitando la Catedral de Jaén y el Palacio de Villardompardo, hogar de los famosos Baños Árabes. Estos lugares, de gran valor arquitectónico y cultural, habrían inspirado al poeta, quien siempre mostró un profundo interés por la fusión de culturas que caracteriza a Andalucía.
Otro punto relevante en la visita de Lorca a Jaén es el Casino Primitivo, hoy desaparecido, donde fue agasajado por intelectuales y artistas locales. Aunque el edificio ya no existe, su espíritu perdura en la memoria colectiva de la ciudad y en las crónicas que relatan aquellos encuentros.
Ruta de Miguel Hernández en Jaén
Miguel Hernández, el poeta oriolano de gran sensibilidad social y política, también dejó su impronta en Jaén, y viceversa. Su relación con la ciudad fue más intensa y duradera que la de Lorca, especialmente debido a su amistad con Josefina Manresa, una joven jiennense que sería su esposa y musa. Josefina, nacida en Quesada, un pequeño pueblo de la Sierra de Cazorla, inspiró muchos de los versos más personales y emotivos de Hernández.
La relación de Hernández con Jaén se consolidó durante la Guerra Civil Española, cuando el poeta fue destinado a la ciudad como comisario político del Ejército Popular de la República. En Jaén, Hernández escribió algunos de sus poemas más conmovedores, reflejando la tragedia de la guerra y el sufrimiento del pueblo español. Uno de ellos, como no podría ser de otra forma, es el poema ‘Aceituneros’, que dice:
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.
La casa donde se hospedó durante su estancia en la ciudad, en la calle Llana número 9 (hoy denominada 'Francisco Coello'), Palacio de los Marqueses de Blanco Hermoso, donde se puede ver una placa con su nombre, es otro punto imprescindible en esta ruta literaria.
El Museo de Miguel Hernández y Josefina Manresa, situado en Quesada, es un lugar recomendado para comprender la vida y obra del poeta en relación con Jaén. El museo alberga una valiosa colección de manuscritos, cartas y objetos personales que revelan la profundidad de su amor por Josefina y su compromiso con la causa republicana. Además, la localidad de Quesada es un hermoso enclave serrano que invita a la reflexión sobre la vida y la obra de Hernández.
jueves, 10 de septiembre de 2026
lunes, 7 de septiembre de 2026
viernes, 4 de septiembre de 2026
UN LIBRO RECUPERA LAS MEMORIAS DE JOSEFINA MANRESA, VIUDA DE MIGUEL HERNÁNDEZ / 101tv.es 01.09.2026
La nueva obra de la editorial Espinas publica 'Recuerdos de la viuda de
Miguel Hernández', una obra autobiográfica de la esposa del poeta de Orihuela
Miguel Hernández y el nuevo libro de memorias de Josefina Manresa, viuda del poeta. Foto: E.P
Martes, 1 septiembre 2026,
Este mes de septiembre llegará a las librerías ‹Recuerdos de la
viuda de Miguel Hernández›, una obra autobiográfica en la que Josefina Manresa
relata la lucha que mantuvo tras la Guerra Civil para que no desapareciese el
legado literario de su marido. El poeta de Orihuela murió en la cárcel por
tuberculosis.
Esta nueva edición, con una introducción por la escritora y
editora Elena Medel, detalla aspectos y vivencias de la juventud de Josefina
Manresa. Además, también cuenta con vivencias que pasó con el poeta y los años
que pasó con él hasta su muerte.
Vida y muerte
Como pasó con otros muchos poetas de la Generación del
27, Miguel Hernández fue víctima de la Guerra Civil. Distinguido de muchos de
sus compañeros de generación, el de Orihuela se alistó y combatió del lado
republicano. Al concluir la contienda, fue detenido y trasladado en múltiples
ocasiones a distintos cárceles.
Tras varios años encarcelado, falleció en la enfermería de una prisión alicantina el 28 de marzo de 1942. Entre sus obras destaca ‹El hombre acecha›, escrita recién concluida la Guerra Civil, ‹El rayo que no cesa› o ‹Cancionero y romancero de ausencias›. De estos libros emanan poemas como ‹Nanas de la cebolla› o ‹Elegía a Ramón Sijé›.
SALE A SUBASTA "NOCTURNO DEL QUINQUE", ÓLEO DE ZABALETA ENTRE EL FAUVISMO Y EL POSCUBISMO / ideal.es 05.09.2026
La obra, pintada en 1956 y con dimensiones de 81 por 65 centímetros, tendrá un precio de salida de 39 euros.
José Antonio García-Márquez
Quesada
03/09/2026
La galería
Ansorena de Madrid sacará a subasta el martes 29 de septiembre el óleo de 81
por 65 centímetros 'Nocturno del quinqué', que Rafael Zabaleta pintó en 1956.
El cuadro, especialmente pretendido en el mercado del arte por su equilibrio
cromático y por hallarse inmerso en dos corrientes artísticas, poscubista por
su estructuración y fauvista por su colorido, partirá con un precio de salida
de 39.000 euros.
'Nocturno del
quinqué' fue vendido el mismo año que Zabaleta lo plasmó por la cifra de 10.000
pesetas, pagadas por un coleccionista de apellido Ezquerra. La obra ofrece el
interior de una estancia con una mesa circular vestida con fuertes estampados
sobre la que se ordenan apiñados objetos en radial composición. El conjunto se
ubica ante un gran ventanal, a través de cuyos cristales aparece un paisaje
nevado inmerso en una luz de plenilunio.
María Guzmán, biógrafa de Zabaleta, en su libro 'Estudio Catalográfico, Óleos y Acuarelas' dice que la composición y técnica de esta obra cumplimentan una constante en el quehacer zabaletiano, con la que ha cubierto parte de su repertorio iconográfico: «El dibujo sigue siendo esquemático, mientras que el cromatismo, aunque dominado por una amplia gama de azules, está basado en el trío armónico de los primarios. En todo el lienzo, excepto el paisaje, cada plano de color se encuentra yuxtapuesto a otro cubierto con su complementario, sucediéndose de esta forma los contrastes simultáneos con gran equilibrio cromático».
jueves, 3 de septiembre de 2026
LA SENGUNDA VIDA DE RAMÓN SIJÉ/ diariolibre.com 27/08/2026
La amistad que venció al olvido a través de la poesía
Anibal de Castro
Santo Domingo- 28 -8-2026
Miguel Hernández y Ramón Sijé, un vínculo inmortal en las
letras. (SUMINISTRADA)
Curioseaba por las redes cuando me topé con una joven que
recitaba la célebre elegía de Miguel Hernández a Ramón Sijé, el amigo
arrebatado a destiempo. Sijé murió en la víspera de Navidad de 1935, con apenas
veintidós años, recién estrenados por la vida y ya reclamados por la muerte.
Son palabras mayores, versos de una intensidad difícil de
sostener sin que la voz se quiebre. Con ellos, la elegía dejó de ser únicamente
un género literario para convertirse en arquetipo del dolor ante la pérdida.
Nada anunciaba que aquel joven abogado, ensayista y crítico
literario de Orihuela habría de instalarse para siempre en la memoria de las
letras españolas. El fuego de una amistad lo rescató de la niebla del olvido.
Pocos hombres han recibido un homenaje tan potente como el que Miguel Hernández
le ofreció a los pocos días de su muerte, una pieza que transformó un duelo
íntimo en patrimonio universal de la poesía.
Desde entonces resulta imposible pronunciar el nombre de
Ramón Sijé sin que resuene, como un eco fiel, el del poeta oriolano. Ambos
quedaron enlazados por un texto que inmortalizó al amigo y, de paso, reveló
hasta dónde puede llegar la palabra cuando nace del amor y de la pérdida. Más
que un poema funerario, la Elegía a Ramón Sijé es la prueba viva de que la
amistad, cuando es verdadera, se convierte en una fuerza capaz de torcerle el
brazo al tiempo.
Dos caminos que se cruzaron en Orihuela
La historia de ambos comenzó mucho antes del dolor, en una
Orihuela donde el rumor de las campanas se mezclaba con el aroma de los huertos
y los limoneros. Allí crecieron dos muchachos de formaciones distintas pero de
una misma sed. Miguel había aprendido del mundo antes que de los libros. Pastor
desde niño, afinó su mirada entre las estaciones, los árboles y la tierra
húmeda, y esa intemperie fue su primera escuela de sensibilidad.
José Marín Gutiérrez, que firmaría como Ramón Sijé, venía de
un territorio distinto. Estudiaba Derecho, devoraba filosofía y teología, y
dirigía El Gallo Crisis, una de las revistas culturales más inquietas de su
tiempo. Su inteligencia era precoz, casi vertiginosa. Miguel traía la intuición
y el instinto de la imagen; Ramón, el rigor y la disciplina de construirla. Uno
soñaba en verso; el otro le enseñaba la arquitectura de ese sueño.
Sijé descubrió en Miguel una voz poética indómita,
hambrienta de lecturas y de método. Miguel halló en Ramón algo más raro
todavía: un interlocutor que no lo adulaba, sino que lo exigía. Se admiraban
con franqueza, discutían con pasión, y esa fricción constante, lejos de
desgastarlos, fue el terreno donde ambos maduraron. En las tertulias de El
Gallo Crisis, entre Góngora, Quevedo y San Juan de la Cruz, se fue tejiendo un
diálogo donde Miguel aprendía a pulir sus versos y Ramón descubría que la
inteligencia también necesita conmoverse para comprender del todo la realidad.
Las diferencias no tardaron en asomar. Uno miraba el mundo
desde un humanismo profundamente cristiano. El otro, con el tiempo, fue
abriéndose a horizontes muy distintos. Llamar a esa amistad un simple contraste
ideológico sería empobrecerla. Los vertebraba la certeza compartida de que la
literatura era una forma de verdad, y de que el desacuerdo político, lejos de
romper un vínculo así, podía volverlo más hondo.
Esa amistad terminó por moldear al poeta que Hernández
llegaría a ser. Llevó esa deuda consigo
toda la vida, y supo pagarla escribiendo, el único modo en que un poeta sabe
hacerlo.
La muerte llegó de golpe, con la crueldad silenciosa de una septicemia que no dio tregua. Miguel estaba en Madrid cuando le llegó la noticia, y el dolor lo dejó suspendido, incapaz de cualquier gesto que no fuera el de la palabra. Ahí, justo donde otros habrían callado, él empezó a escribir porque el lenguaje era el único territorio donde todavía podía reencontrarse con su amigo. La poesía dejó de ser oficio para volverse necesidad.
Así nació la Elegía a Ramón Sijé, un poema en el que la
perfección técnica y la intensidad emocional se funden hasta volverse
indistinguibles. Su arquitectura, impecable, nunca delata el esfuerzo del
andamiaje. Todo fluye con la misma naturalidad con que brotan las lágrimas. El
primer verso ya abre una dimensión nueva del duelo:
«Yo quiero ser, llorando, el hortelano de la tierra que
ocupas y estercolas...»
La imagen me desarma por su humildad. Miguel no busca
erigirse en guardián solemne de una memoria; prefiere el gesto más modesto y
más íntimo de cuidar la tierra que cubre a su amigo, de sembrar justo donde la
muerte acaba de instalarse. El hortelano encarna la paciencia, el trabajo
callado, la fe de quien confía en que hasta la tierra removida por el dolor
puede volver a fructificar. De lamento,
la elegía muta en promesa de seguir cultivando la presencia del amigo, aunque
este ya no pueda responder.
Más adelante el poema se encabrita en una rebelión casi
cósmica:
«Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y
homicida...»
La muerte se presenta como una violencia que rompe el orden
natural del mundo, y Miguel se resiste a aceptarla con toda la fuerza de su
imaginería: tormentas de piedra, rayos, hachas, dentelladas contra la tierra.
Quiere desenterrar al amigo, discutir con la muerte cara a cara, arrancarle lo
que acaba de robar. La desesperación habla con un lenguaje tan poderoso sin
naufragar en el exceso. Cada metáfora nace de una emoción auténtica, ninguna
busca deslumbrar, todas buscan salvar.
Sin proponérselo del todo, Miguel estaba haciendo algo aún
más extraordinario que escribir un gran poema. Le regalaba a Ramón una segunda
existencia. Ahí comenzaba, silenciosa, la eterna batalla de la literatura
contra el olvido. Asombra pensar que la inmortalidad de un hombre pueda
depender de la fidelidad de otro. Ramón Sijé dejó ensayos notables para su
corta edad y una huella profunda en la formación de Miguel Hernández, pero fue
la Elegía, al fin, la que lo puso a salvo de la erosión del tiempo.
Un final que no es despedida
El cierre del poema pertenece a esas escasas páginas donde una lengua parece tocar su forma más definitiva de belleza:
«A las aladas almas
de las rosas /del almendro de nata te requiero, /que tenemos que hablar de
muchas cosas, /compañero del alma, compañero...»
Releeer ese cierre es invocar escalofríos emocionales. Ese
final compite de igual a igual en intensidad con toda la poesía española. Deja
de ser despedida para mutar en una cita aplazada. Miguel se niega a dar por
cerrada la conversación y la deja suspendida en el tiempo, convencido de que
aún quedan «muchas cosas» por decirse. En ese instante, el poema se desprende
de los dos hombres que lo originaron y empieza a pertenecer a todos, porque
todos alguna vez hemos perdido a alguien imprescindible.
La Elegía trasciende así la circunstancia que la hizo
nacer. Asistimos al duelo propio porque
reconocemos en esos versos el rostro de un amigo, de un hermano, de un padre o
de una madre. Esa es, después de todo, la condición secreta de las grandes
obras. Nacen de una experiencia irrepetible y terminan hablando una verdad que
todos compartimos.
Miguel no logró devolverle la vida a Ramón Sijé —ningún poema tiene ese poder—, pero consiguió impedir que se desvaneciera del todo. Algo extraordinario. Ramón tiene un lugar en la memoria de la lengua española. La muerte cerró su existencia, pero la amistad le negó al olvido su triunfo completo.
La Elegía corona la victoria más alta de la literatura, que es arrebatarle a la muerte una parte de su botín. Conserva voces, gestos, nombres y afectos que el tiempo habría borrado sin miramientos. La historia suele guardar memoria de los vencedores mientras la poesía, en cambio, atesora memoria de quienes fueron profundamente amados.
Miguel Hernández moriría apenas seis años después, con solo
treinta y uno, dejando tras de sí una obra donde conviven el amor, el hambre,
la guerra, la paternidad y la esperanza. Empero, ninguna de sus páginas desnuda
con tanta transparencia su humanidad como la que escribió para despedir a Ramón
Sijé. Ahí no habla el poeta que persigue la perfección estética, sino el amigo
que se resiste a perderlo y descubre que solo las palabras pueden acompañarlo
hasta el borde mismo del silencio.
El tiempo ha seguido su curso, indiferente. Generaciones enteras se han desvanecido, las ideas y las certezas han cambiado de piel, y sin embargo aquellos versos permanecen intactos y brotan en las redes sociales. Resaltan algo anterior a cualquier época, como es la necesidad, tan humana, de salvar del olvido a quienes nos ayudaron a ser quienes somos. Eso no cabe en una lápida.
Esa fue la obra más perdurable de Miguel Hernández, y
también el legado más hermoso de Ramón Sijé. Juntos demostraron que la amistad
puede volverse literatura, y que la literatura, en sus momentos más altos,
alcanza aquello que la vida jamás consigue: una forma de eternidad. Basta abrir
un libro y leer, con la emoción de quien reencuentra a un viejo amigo,
«compañero del alma, compañero..."
https://www.diariolibre.com/opinion/columnistas/2026/08/27/segunda-vida-de-ramon-sije/3641406
EL DIPUTADO DE PROMOCIÓN Y TURISMO ASISTE A LA ENTREGA DE PREMIOS DEL LVI CONCURSO INTERNACIONAL DE PINTURA "RAFAEL ZABALETA"/dipujaen.es 28.08.2026
El
artista madrileño Paco Díaz Salas ha sido el ganador de esta edición por su
obra ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’
El diputado de Promoción y Turismo, Francisco Javier Lozano, ha participado en Quesada en la entrega de premios del LVI Concurso Internacional de Pintura ‘Rafael Zabaleta’, certamen que cuenta con la colaboración de la Diputación Provincial. En este acto, celebrado en el Museo Zabaleta – Miguel Hernández con la presencia también de la alcaldesa quesadeña, Yolanda Marcos, se ha proclamado ganador al artista madrileño Paco Díaz Salas, por su cuadro ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’, por el que ha recibido los 7.000 euros con los que está dotado el primer premio de este concurso pictórico.
El palmarés de la quincuagésimo sexta edición de este
certamen se ha completado con la entrega del segundo premio al artista Norberto
Gil, por el que ha recibido 4.000 euros, y la concesión de tres menciones de
honor a los creadores Manuel Enrique Ramírez, Berto Martínez y José María
Soria.
viernes, 28 de agosto de 2026
ENTREGA DE PREMIOS DEL LVI CONCURSO INTERNACIONAL DE PINTURA HOMENAJE A "RAFAEL ZABALETA" VIERNES 28 DE AGOSTO A LAS 20:00 H.
jueves, 27 de agosto de 2026
FRANCISCO FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ GANADOR DEL "PREMIO VOTO POPULAR" DEL LVI CONCURSO INTERNACIONAL DE PINTURA HOMENAJE A RAFAEL ZABALETA CON LA OBRA TITULADA "CARTAS A JOSEFINA" // 27.08.2025
El artista Francisco Fernández Fernández de Quesada (Jaén), ha sido el ganador del Premio Voto Popular en el "LVI Concurso Internacional de Pintura Homenaje a Rafael Zabaleta" con la obra titulada "Cartas a Josefina".
![]() | |
Francisco Fernández Fernández "Cartas a Josefina"
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domingo, 23 de agosto de 2026
TRAS LOS PASOS DE LORCA Y HERNÁNDEZ EN JAÉN: RUTA LITERARIA POR LOS LUGARES MÁS EMBLEMATICOS DONDE ESTUVIERON www.jaenhoy.es/ocio/ruta-literaria-generacion-27-
Tras los pasos de Lorca y Hernández en Jaén: ruta literaria por los lugares más emblemáticos donde estuvieron
Descubre los espacios de la provincia relacionados con dos figuras esenciales de la poesía españolaMuñoz Molina emociona al recordar su infancia en Úbeda: "Aquí se me abrieron los ojos al mundo"
| Tanto Lorca como Miguel Hernández estuvieron en Jaén. / Montaje propio |

Jaén conserva una estrecha relación con la historia de la literatura española a través de figuras como Miguel Hernández y Federico García Lorca, dos autores fundamentales vinculados a la Generación del 27. Esta ruta literaria recorre los espacios de la provincia relacionados con sus estancias, mostrando los lugares que inspiraron parte de su obra y ayudan a comprender la huella que dejaron en el territorio.
Ruta de Federico García Lorca en Jaén
Federico García Lorca, el poeta granadino que es un símbolo universal de la literatura española, visitó Jaén en varias ocasiones. Una de las más recordadas es su estancia en 1935, cuando acudió para dar una conferencia en el Instituto de Bachillerato de Jaén, hoy conocido como Instituto de Educación Secundaria (IES) ‘Santa Catalina de Alejandría’. Aquí, Lorca deleitó a los jóvenes estudiantes con su conferencia ‘Juego y teoría del duende’, en la que disertó sobre la importancia del duende en el arte andaluz, un concepto que luego influiría en su obra más madura.
Tras su conferencia, Lorca fue invitado a conocer la ciudad. Se sabe que paseó por las calles del centro histórico, visitando la Catedral de Jaén y el Palacio de Villardompardo, hogar de los famosos Baños Árabes. Estos lugares, de gran valor arquitectónico y cultural, habrían inspirado al poeta, quien siempre mostró un profundo interés por la fusión de culturas que caracteriza a Andalucía.
Otro punto relevante en la visita de Lorca a Jaén es el Casino Primitivo, hoy desaparecido, donde fue agasajado por intelectuales y artistas locales. Aunque el edificio ya no existe, su espíritu perdura en la memoria colectiva de la ciudad y en las crónicas que relatan aquellos encuentros.
Ruta de Miguel Hernández en Jaén
Miguel Hernández, el poeta oriolano de gran sensibilidad social y política, también dejó su impronta en Jaén, y viceversa. Su relación con la ciudad fue más intensa y duradera que la de Lorca, especialmente debido a su amistad con Josefina Manresa, una joven jiennense que sería su esposa y musa. Josefina, nacida en Quesada, un pequeño pueblo de la Sierra de Cazorla, inspiró muchos de los versos más personales y emotivos de Hernández.
La relación de Hernández con Jaén se consolidó durante la Guerra Civil Española, cuando el poeta fue destinado a la ciudad como comisario político del Ejército Popular de la República. En Jaén, Hernández escribió algunos de sus poemas más conmovedores, reflejando la tragedia de la guerra y el sufrimiento del pueblo español. Uno de ellos, como no podría ser de otra forma, es el poema ‘Aceituneros’, que dice:
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.
La casa donde se hospedó durante su estancia en la ciudad, en la calle Llana número 9 (hoy denominada 'Francisco Coello'), Palacio de los Marqueses de Blanco Hermoso, donde se puede ver una placa con su nombre, es otro punto imprescindible en esta ruta literaria.
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