José Antonio Lucero es un profesor, escritor y divulgador apasionado de Miguel Hernández. A través de la investigación y la lectura de sus cartas descubrió que tenía algo mucho más grande que contar: la historia de amor que vivió el poeta junto con Josefina Manresa. Conocida como la eterna viuda de Miguel Hernández, el autor da voz a una historia mucho más profunda, y pone en valor el relato de la quesadeña a través de “Tu risa me hace libre”, donde ella toma gran protagonismo. Actualmente está presentando el libro por toda España, y vendrá este mes a Jaén, Quesada, Úbeda y Arjona.
—¿Por qué decidió contar la historia de Miguel Hernández y Josefina Manresa?
—La novela primero surge por mi interés por Miguel Hernández, que nace de la lectura de su poesía, de haber oído a Serrat cantar las canciones de sus poemas. No obstante, cuando me puse a investigar ya con este proyecto en marcha, empecé a descubrir la figura de Josefina Manresa, que yo la conocía como la mayor parte de los lectores, que es como la viuda de Miguel Hernández. Me di cuenta de que también tenía una historia que contar y que era muy interesante.
—¿Cómo fue el proceso de documentación del libro?
—Empezó con la lectura de las biografías de Miguel y luego con la lectura de sus cartas. Con las cartas me lo encuentro a él en su dimensión de persona, en su carácter humano, con todas las contradicciones del personaje. También la lectura de las memorias de Josefina fue un pilar fundamental en esta novela. Aún así, el proceso de documentación lo llevé más allá entrevistando expertos en el aula de la obra del poeta.
—El libro es una mezcla de rigor histórico y ficción. ¿Cómo se consigue esa mezcla?
—Es una novela de ficción histórica, no es una biografía como otras que se han publicado, sino que utilizo el lenguaje narrativo y ficcional para acercar la vida de los dos y la experiencia vital a un lector que a día de hoy no está familiarizado con trabajar las biografías. A través de la lectura, de las cartas y de los libros biográficos, intento llenar los vacíos que nos dejan los relatos que no tenemos, de las historias que no nos han llegado.
—Va a visitar cuatro ciudades de Jaén a presentar el libro. ¿Qué supone para usted ir a Quesada, donde tienen un museo dedicado a Miguel y Josefina?
—Es muy emocionante poder hacerlo en un lugar donde hay una impronta tan bonita y un cariño tan palpable por Josefina y por Miguel, puesto que ella nació en Quesada. Visité el museo el año pasado y estuve conociendo todos los entresijos, los secretos que guarda y el relato que cuenta de los dos. El hecho de poder presentarlo allí en ese propio museo es muy emocionante, al igual que presentarlo en Orihuela que es la propia ciudad del poeta.
Este viernes 30 de octubre se cumplen 116 años del nacimiento de Miguel Hernández, un poeta universal al que dejaron morir en la cárcel de Alicante al acabar la Guerra Civil cuando apenas tenía 31 años. La obra hernandiana tiene dos referentes geográficos: su cuna e infancia oriolanas y alicantinas, de un lado, y, de otro, la provincia de Jaén, adonde llegó destinado como comisario de Cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. De allí era su esposa, Josefina Manresa, y aquí fue nombrado en 2024 Hijo Adoptivo de la provincia a título póstumo.
Estas dos patrias del poeta son el argumento de una ruta turística que tiene a los ríos Guadalquivir y Segura como compañeros de viaje. El Guadalquivir por nacer en el municipio de Quesada, donde se encuentra el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa, y el Segura por ser el río que, desde su nacimiento en Pontones, en la jiennense sierra de Segura, mejor vertebra a los dos territorios hernandianos por excelencia.
La Senda del Poeta, o camino hernandiano, es una ruta que conecta los lugares que marcaron la vida y la obra de Miguel Hernández (1910-1942), un itinerario que arranca en Jaén, donde se encuentra actualmente el legado que conservó su mujer, y que sigue el curso del río Segura hasta llegar a su desembocadura, en Guardamar del Segura (Alicante). A través del sendero GR-125 el itinerario atraviesa varios pueblos levantinos por donde transcurrió la infancia y también los últimos años de vida de Miguel Hernández.
Iniciamos el viaje en Jaén, donde la Diputación adquirió en 2012 el legado personal del poeta, que está compuesto por 5.819 registros bibliográficos y 26.684 imágenes, entre los que se encuentran documentos personales, manuscritos y correspondencia, borradores de sus obras; recortes de prensa, libros, grabaciones sonoras; dibujos, grabados y carteles; y objetos representativos como su máquina de escribir, la maleta o la lechera en la que le pasaba a su esposa Josefina cartas y poemas desde la cárcel. Este legado está repartido entre el Instituto de Estudios Giennenses y el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa de Quesada.
El Instituto de Estudios Giennenses (IEG) es una de las tres patas de un triángulo monumental que forman el Antiguo Hospital de San Juan de Dios (donde se encuentra su sede), los Baños Árabes del Palacio de Villardompardo y la iglesia de Santa Catalina Mártir, junto al antiguo convento de Santo Domingo.
Santo Domingo es el resultado de un proceso constructivo prolongado entre finales del siglo XV y el último tercio del siglo XVI. Sobre algunos de los palacios islámicos previos se comenzó a levantar una iglesia tardogótica de la que aún perviven elementos como la capilla mayor y algunas bóvedas. Entre 1575 y 1582 continuaron las obras del templo y se siguió un nuevo proyecto manierista, configurando la nave, el coro y la portada actual.
Claustro del monasterio de Santo Domingo, en Jaén.diego grandi ( GETTY IMAGES )
La conexión del poeta alicantino con Jaén se inició cuando fue destinado como comisario de Cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. Coincidiendo con el 84º aniversario de su muerte, la ciudad de Jaén estrenó una ruta literaria que recorre los lugares de su estancia en tierras jiennenses, desde la plaza de los Naranjos, bautizada también como plaza de Miguel Hernández, y que continúa por el refugio antiaéreo de la plaza de Santiago, donde se rememora el bombardeo de Jaén del 1 de abril de 1937 que se saldó con 159 muertos y decenas de heridos. Cuando el bombardeo de Jaén, Miguel Hernández se encontraba fuera cubriendo la batalla de Peñarroya o en la defensa de Medellín, pero Josefina Manresa sí que fue testigo directo.
El otro pilar clave fue su esposa, que era natural de Quesada, localidad que es la cuna del río Guadalquivir y donde desde el año 2015 hay un museo en memoria de los dos. Tras convertirse en la viuda de un poeta maldito, Josefina guardó celosamente los escritos de Miguel, como centinela de su memoria, para que nadie pudiera arrebatarle ese tesoro; documentos de su marido que durante años mantuvo escondidos en costales de los que se utilizaban para llenar el trigo. En el museo quesadeño, que comparte instalaciones con el dedicado al pintor Rafael Zabaleta, se hace un recorrido por la obra y la vida del poeta y su esposa, una historia de amor llena de pasiones y emociones. Como esta carta en la que ella relata sus primeros encuentros: “Me estuvo pretendiendo desde el año 1933 hasta el 27 de septiembre del 34. Pasaba varias veces por la puerta del taller de la calle Mayor, en Orihuela, donde yo trabajaba de modista. Miraba hacia dentro del taller y me di cuenta que me miraba a mí”.
Su estancia en Jaén fue la que inspiró otro de sus poemas más célebres, Aceituneros, que pone letra al himno de la provincia. La coral Encina Hermosa, de Castillo de Locubín, lo ha versionado ahora en clave feminista:
Andaluzas de Jaén
aceituneras comprometidas
decidme en el alma: ¿quién
recogió las olivas?
No las recogió la nada,
ni el dinero, ni el señor
sino la mujer arrastrada,
el cariño y el tesón
Conectada a la luna
y a la rociá de la mañana
las tres dieron la vida
a ese olivo y a sus ramas
Levántate aceitunera de plata
decimos al pie del viento
la aceitunera alzó su mano
poderosa de miramiento
Andaluzas de Jaén
aceituneras comprometidas
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?
Nuestra sangre, nuestro cuerpo
no sólo la del hombre
que se llevó el mérito
de nuestro sufrimiento
Andaluzas, levantémonos
reclamemos nuestro lugar
La fachada de la fundación Miguel Hernández, en Orihuela, donde nació el poeta.mauritius images/ Alamy / CORDON PRESS
iguiendo la Senda del Poeta
Ya en la provincia de Alicante, y con el río Segura como compañero de viaje, nos adentramos en la llamada Senda del Poeta creada por varias instituciones levantinas en homenaje al escritor, natural de Orihuela. Este itinerario, que puede realizarse en cualquier época del año, se efectúa a pie durante tres días desde la Casa Museo de Miguel Hernández en Orihuela hasta su tumba en el cementerio de Alicante.
Esta ruta, que atraviesa el sendero de gran recorrido GR-125, está dividida en tres etapas. Arranca en Orihuela, ciudad donde nació Miguel Hernández el 30 de octubre de 1910. Orihuela marcó su infancia y juventud de forma decisiva, ya que aquí fue donde inició sus estudios escolares en el colegio Santo Domingo, ayudó a su padre en los trabajos de pastoreo, participó en las reuniones literarias de la tahona de los hermanos Fenoll, publicó sus primeros poemas y conoció a Josefina Manresa. A continuación, se pasa por Redován, donde nació su progenitor, por Callosa del Segura, se llega a Cox, donde Hernández y Manresa vivieron varios años; por Elche, donde murieron su mujer e hijo, y concluye en Alicante.
La primera etapa transcurre también por Granja de Rocamora y finaliza en Albatera, en cuyo término se encontraba el campo de concentración donde perecieron muchos compañeros de Hernández tras la Guerra Civil. Todo ello por caminos con numerosos huertos de naranjos y limoneros que ofrecen al caminante el penetrante olor del azahar, característico de la primavera en la vega baja del río Segura.
La segunda etapa del sendero, entre caminos donde predominan las palmeras, transcurre entre Albatera y Elche, adonde se trasladó Josefina Manresa con su hijo Manuel Miguel tras la muerte del poeta. En el Archivo Municipal de Elche se encuentran depositados un buen número de manuscritos del poeta y aquí también se encuentra la Universidad pública Miguel Hernández que, en 1998, nombró al poeta Doctor Honoris Causa a título póstumo.
El palmeral de la ciudad de Elche, una de las paradas siguiendo las huellas de Miguel Hernández.José Antonio Aldeguer ( GETTY IMAGES )
inalmente, la tercera y última etapa discurre entre Elche y Alicante, en cuya cárcel falleció el 28 de marzo de 1942. Aquí redactó sus últimos poemas de Cancionero y romancero de ausencias, y en las dependencias de la enfermería carcelaria contrajo matrimonio canónico con Josefina Manresa días antes de morir.
En el cementerio de Alicante, entre campos de almendros, reposan los restos del poeta en una tumba en donde también se encuentran enterrados su mujer y su hijo.
El programa ‘Poesía en tu librería’ desarrollará este otoño seis nuevos encuentros poéticos sobre Miguel Hernández
Esta iniciativa impulsada por Diputación y la Fundación Legado Literario incluirá en esta ocasión una novela sobre el amor del poeta oriolano y Josefina Manresa
Tres escritoras y dos escritores ofrecerán este otoño en la provincia seis recitales poéticos y diálogos entre ellos y con los lectores, en los que abordarán sus obras recientemente publicadas y nuevos enfoques sobre la vida y obra de Miguel Hernández, en el marco del programa ‘Poesía en tu librería’ que promueven la Diputación de Jaén y la Fundación Legado Literario Miguel Hernández. El objetivo es, como en ediciones anteriores, “poner en contacto directo a los lectores con los autores y, de paso, apoyar a las librerías de la provincia”, según remarca la vicepresidenta tercera y diputada de Cultura y Deportes, África Colomo.
En esta temporada participarán Marina Tapia, poeta de origen chileno y residente en Granada, que compagina su obra literaria con las artes plásticas y su actividad como titiritera, y tiene varios premios de poesía en su haber; la maestra y escritora jiennense Rosario Sabariego, que acaba de publicar su poemario ‘Cuando la nieve caiga’; la granadina Nieves Chillón, ganadora del Premio Andalucía de la Crítica y del Internacional de Poesía Margarita Hierro, entre otros, que será presentada por la escritora Macarena Aguilar, con la que hablará de poesía y Miguel Hernández; el poeta de Los Villares y catedrático de la Universidad de Granada Juan Carlos Abril, quien acaba de publicar su antología sobre el poeta de Orihuela ‘Mis ojos y mis manos’; y el novelista gaditano José Antonio Lucero, quien tras una amplia labor documental ha publicado ‘Tu risa me hace libre’, novela en la que recrea la relación de Hernández y Josefina Manresa.
‘Poesía en tu librería’ pone el acento, como recuerda Colomo, “en autores de la provincia y del resto de Andalucía, y programa actividades en otoño y primavera”. Con el fin de ampliar su proyección, incluye también “encuentros con autores en las bibliotecas públicas y, como novedad, en los clubes de lectura y escritura, dada la pujanza que en poco tiempo ha adquirido este fenómeno sociocultural, muy arraigado en la provincia”, apostilla la responsable cultural de la Diputación, quien agrega que “también introducirá enfoques distintos a la poesía, como es el caso de la novela sobre la vida en común de Miguel Hernández y la quesadeña Josefina Manresa”.
El primer encuentro que contempla este programa será el próximo 24 de octubre, en la librería ubetense Libros Prohibidos, con Marina Tapia; le seguirá José Antonio Lucero el día 10 de noviembre en la Librería Metrópolis de Jaén, que dos días después también estará en el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa de Quesada; el 14 de noviembre será el turno de Nieves Chillón, en la librería Agente Secreto de Úbeda; el 18 de ese mes lo hará Rosario Sabariego en la librería Modo Avión de Jaén; y, por último, el 16 de diciembre cerrará este ciclo Juan Carlos Abril, en el Taller de lectura y escritura ‘La silla de anea’, en Martos.
Ramón Moya expone en el Museo Zabaleta 60 años dedicados a la pintura
La muestra, que permanecerá abierta hasta el 8 de diciembre, se compone de un extenso conjunto de piezas sobre lienzo y tabla, con preponderancia del óleo y el acrílico.
Un grupo de personas visitan la exposición. (Fotos: J. A. G. M.)
José Antonio García-Márquez
Un olivar lleno de luz y color. Desde el pasado sábado 10 de octubre, el pintor y dibujante nacido en Quesada Ramón Moya, ofrece en la sala de exposiciones del Museo Rafael Zabaleta-Miguel Hernández su muestra 'Ilusión cumplida', con la que el artista plástico rinde homenaje al olivar y realiza un recorrido artístico por sus más de seis décadas dedicadas a pintar paisajes quesadeños llenos de luz y color.
La exposición, que permanecerá abierta hasta el 8 de diciembre, se compone de un extenso conjunto de piezas sobre lienzo y tabla, con preponderancia del óleo y el acrílico, aunque también aparecen cuadros resueltos en técnica mixta. En los trabajos se pueden apreciar variedad de estilos y corrientes artísticas, si bien la figuración y el naturalismo constituyen el eje compositivo esencial de una colección en la que el olivo, su tronco retorcido, su corteza pardo grisácea, el fruto, el enclave dentro de la vegetación natural, su significado a través de los tiempos y su importancia en el paisaje y el campo andaluz, adquieren protagonismo absoluto.
En el acto inaugural, Ramón Moyá estuvo acompañado por la alcaldesa de Quesada, Yolanda Marcos; la concejala de Atención a Mayores y a la Infancia, María Tíscar Alcalá; el escritor cubano Reynaldo García y la directora del Museo de Quesada, Rosa Valiente. Esta última manifestó que Ramón Moya dispone de una profunda convicción artística que brota desde su niñez y se desarrolla a lo largo de toda su vida: «Lo caracteriza el impulso de crear continuamente, siempre con inquietud y curiosidad. Su inicios con Rafael Zabaleta y José Luis Verdes lo animaron a aprender y aferrarse a lo instintivo y natural de manera libre, vinculado a su territorio con pasión, sin hermetismos ni condición alguna. Sirva este reconocimiento de su pueblo a la honestidad con la que pinta desde hace más de 60 años».
El pintor, por su parte, evocó sus interminables caminatas por los paisajes de Quesada: «Cuaderno de dibujo, lápiz y bocadillo en ristre, porque los paseos podían alargarse varias horas, a pesar de que apenas era un niño con once o doce años, pintaba a Fique, el Artesón, Bejar, el Chorro, el Puerto de Tíscar, Lacra y miradores dirigidos a infinitos campos de olivares, a sierra Mágina, a las crestas nevadas de la lejana sierra granadina».
Discípulo de Zabaleta
Pintor y dibujante, a Ramón Moya López (1946) le gusta expresar que su afición al arte comenzó cuando tenía 12 años y se encontró cara a cara con el maestro Rafael Zabaleta, quien por cierto no accedió al requerimiento de su padre para que le diera clases de dibujo, aunque sí se comprometió a revisar lo que fuera haciendo de manera intermitente.
«La influencia de Zabaleta queda muy lejana, pero conservo recuerdos del maestro imposibles de olvidar. Entre ellos, el primer saludo en el jardín de Quesada o un encuentro en su estudio para que supervisara unos dibujos. Aquel día me fue mostrando pacientemente los cuadros que había preparado para la Bienal de Venecia. Al terminar le di las gracias y él me dijo sonriendo: «Anda, vete ya, que tengo trabajo».