Ramón Moya expone en el Museo Zabaleta 60 años dedicados a la pintura
La muestra, que permanecerá abierta hasta el 8 de diciembre, se compone de un extenso conjunto de piezas sobre lienzo y tabla, con preponderancia del óleo y el acrílico.
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| Un grupo de personas visitan la exposición. (Fotos: J. A. G. M.) |
José Antonio García-Márquez
Un olivar lleno de luz y color. Desde el pasado sábado 10 de octubre, el pintor y dibujante nacido en Quesada Ramón Moya, ofrece en la sala de exposiciones del Museo Rafael Zabaleta-Miguel Hernández su muestra 'Ilusión cumplida', con la que el artista plástico rinde homenaje al olivar y realiza un recorrido artístico por sus más de seis décadas dedicadas a pintar paisajes quesadeños llenos de luz y color.
La exposición, que permanecerá abierta hasta el 8 de diciembre, se compone de un extenso conjunto de piezas sobre lienzo y tabla, con preponderancia del óleo y el acrílico, aunque también aparecen cuadros resueltos en técnica mixta. En los trabajos se pueden apreciar variedad de estilos y corrientes artísticas, si bien la figuración y el naturalismo constituyen el eje compositivo esencial de una colección en la que el olivo, su tronco retorcido, su corteza pardo grisácea, el fruto, el enclave dentro de la vegetación natural, su significado a través de los tiempos y su importancia en el paisaje y el campo andaluz, adquieren protagonismo absoluto.
En el acto inaugural, Ramón Moyá estuvo acompañado por la alcaldesa de Quesada, Yolanda Marcos; la concejala de Atención a Mayores y a la Infancia, María Tíscar Alcalá; el escritor cubano Reynaldo García y la directora del Museo de Quesada, Rosa Valiente. Esta última manifestó que Ramón Moya dispone de una profunda convicción artística que brota desde su niñez y se desarrolla a lo largo de toda su vida: «Lo caracteriza el impulso de crear continuamente, siempre con inquietud y curiosidad. Su inicios con Rafael Zabaleta y José Luis Verdes lo animaron a aprender y aferrarse a lo instintivo y natural de manera libre, vinculado a su territorio con pasión, sin hermetismos ni condición alguna. Sirva este reconocimiento de su pueblo a la honestidad con la que pinta desde hace más de 60 años».
El pintor, por su parte, evocó sus interminables caminatas por los paisajes de Quesada: «Cuaderno de dibujo, lápiz y bocadillo en ristre, porque los paseos podían alargarse varias horas, a pesar de que apenas era un niño con once o doce años, pintaba a Fique, el Artesón, Bejar, el Chorro, el Puerto de Tíscar, Lacra y miradores dirigidos a infinitos campos de olivares, a sierra Mágina, a las crestas nevadas de la lejana sierra granadina».
Discípulo de Zabaleta
Pintor y dibujante, a Ramón Moya López (1946) le gusta expresar que su afición al arte comenzó cuando tenía 12 años y se encontró cara a cara con el maestro Rafael Zabaleta, quien por cierto no accedió al requerimiento de su padre para que le diera clases de dibujo, aunque sí se comprometió a revisar lo que fuera haciendo de manera intermitente.
«La influencia de Zabaleta queda muy lejana, pero conservo recuerdos del maestro imposibles de olvidar. Entre ellos, el primer saludo en el jardín de Quesada o un encuentro en su estudio para que supervisara unos dibujos. Aquel día me fue mostrando pacientemente los cuadros que había preparado para la Bienal de Venecia. Al terminar le di las gracias y él me dijo sonriendo: «Anda, vete ya, que tengo trabajo».


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